Camposano: Las certificaciones crean una cultura de calidad

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El mercado camaronero mundial cuenta con una oferta muy competitiva y una demanda estable, lo cual genera precios muy sensibles a diversos cambios. Ante esta realidad se enfrenta el sector acuícola ecuatoriano que basa su posicionamiento en su camarón de excelente sabor y la calidad de sus procesos de producción.

En este entorno, el presidente de la Cámara Nacional de Acuacultura, José Antonio Camposano, resalta la importancia de las certificaciones para lograr la presencia del crustáceo ecuatoriano en los principales mercados internacionales.

Según el Banco Central del Ecuador, en 2015 las exportaciones de camarón representaron 2.279 millones de dólares para la economía nacional.

Camposano explica que en el sector acuícola hay dos macro procesos y en ambos se cumplen estándares de calidad muy estrictos: uno, es la crianza del animal en las piscinas camaroneras; y el otro, es el procesamiento en las plantas industriales.

En el primero, las fincas ecuatorianas han trabajado para certificar sus procesos en inocuidad alimentaria, asegurando la calidad del animal desde la primera fase de crianza hasta su cosecha. Además, han invertido para cumplir normas de responsabilidad ambiental.

Aquí, también se certifican hasta los proveedores del sector. Por ejemplo, los abastecedores del balanceado de camarón deben cumplir estándares de su materia prima, a fin de que se demuestre la calidad del producto que será parte de la trazabilidad del animal de exportación.

De acuerdo con un reporte de Proecuador, en el país hay más de 210 mil hectáreas cultivadas de camarón, las cuales están distribuidas en Guayas, El Oro, Manabí y Esmeraldas.

Por el lado del procesamiento, las plantas cuentan con certificaciones de inocuidad alimentaria para impedir el riesgo de contaminación del producto o el mal uso de las instalaciones de producción.

Camposano explica que el cumplimiento del sector camaronero inicia con las normales locales, y para ello se trabaja con el Instituto Nacional de Pesca, que adicionalmente está acreditado como ente de control sanitario para los países compradores.

Luego, vienen las certificaciones específicas que demanda cada mercado.

“Al final es un círculo de la calidad, que cubre todas las facetas de producción, procesamiento y exportación para que el consumidor tenga la garantía de que lo que está comprando cumple con los estándares que exige ese mercado”, explica el directivo.

Actualmente, Ecuador comercializa camarón a Vietnam, Estados Unidos, la Unión Europea, China, entre otros mercados, de acuerdo con datos del Banco Central.

Sin embargo, Camposano señala que las certificaciones han evolucionado con el pasar de los años, pues al principio eran iniciativas de calidad, luego se convirtieron en requisitos de mercado y en la actualidad también son un insumo para la toma de decisiones de los consumidores.

“Se han transformado en una herramienta para el usuario. En Europa, por ejemplo, el consumidor asumió este rol de poder y con su preferencia premia a uno u otro productor de acuerdo a la calidad de producto que le esta brindado, y en esa relación, las certificaciones juegan un papel importante”, explica el directivo.

La decisión de optar por una certificación es una decisión muy importante para el productor o el dueño de la planta, indica Camposano, pues representa una importante inversión en mejoras de infraestructura, cambio de procesos productivos, responsabilidad social y ambiental, y hasta de selección de proveedores.

Pero, a cambio, la finca o empresa logra tener un aval para el ingreso de sus productos a los mercados de exportación. Aunque reconoce que el sector camaronero ecuatoriano también ha avanzado a estándares de cumplimiento sin la necesidad de una exigencia de mercado.

Hace dos años Ecuador certificó la primera finca camaronera bajo el estándar ASC (Aquaculture Stewardship Council), que busca la sostenibilidad de la actividad acuícola y que no es una exigencia comercial. “En ese entonces se decía que el código como estaba planteado no iba a permitir que ninguna finca se pudiera certificar, porque era muy exigente. Nosotros dijimos vamos viendo y logramos la primera finca, demostrando que es un estándar posible”, asegura.

Actualmente, en Ecuador y en otros países ya hay fincas con esta certificación y hasta plantas procesadoras, demostrando así que el empresario nacional también desea demostrar la calidad de sus procesos sin necesidad de ser un requisito de mercado.

“Es indudable que las certificaciones han aportado para crear una cultura de la calidad en todo sentido. Las certificaciones están aquí y llegaron para quedarse”, enfatiza el directivo.